En algún momento, un pastor alemán llamado Martin Niemöller, quien fuera, en una de esas, encarcelado por Hitler y remitido a la hospitalidad de un campo de concentración, dijo:
"Primero vinieron por los comunistas y no alcé la voz... porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y tampoco alcé la voz... porque yo no era judío. Más tarde vinieron por los hombres sindicalistas y de nuevo no alcé la voz... porque yo no era sindicalista. Después fue que vinieron por los católicos y no alcé la voz... porque tampoco era yo católico.
"Y una noche, al final, vinieron por mí... pero para entonces no quedaba ya nadie que alzara la voz.

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