Adivinen la película: Un padre manda a su hijo a la Tierra para que guíe a los hombres (incluidas, por supuesto, las mujeres) hacia la luz, le explica que estos humanitos no son malos, pero a veces toman malas desiciones. El hijo enviado es parangón de ética y moral, y es capáz de sacrificar su propia vida y deseos personales a favor de un bien superior a sí mismo.
En la trama de la película el susodicho es muerto por sus adversarios y vuelve a la vida luego de ascender hasta verse bañado por el calor del sol. Después, en una de esas, las nubes se abren para darle paso entre una lluvia de luz dorada mientras desciende de vuelta a tierra con su gran capa que se extiende como si se tratara de un par de alas... rojas como la sangre. Es devuelto triunfalmente para confrontar el mal nuevamente y vencer. Para no variar.
¿Soy yo el único que le encuentra cierto paralelismo a este guión con otra historia aún más trillada? ¿Será que la figura de eterno sacrificio aún es vigente?
La película inicia con la consigna de que el mundo no necesita más a un Superman; la misma, termina afirmando que con las evidencias establecidas el mundo efectivamente lo necesita. ¿Estamos hablando de un arquetipo junguiano paralelo a la figura del padre salvador, amado y odiado, que es visto desde la postmoderna perspectiva de la cultura pop? En estos tiempos en los que los medios de comunicación nos venden la figura de antihéroes deificados para quienes los fines justifican cualquier fin, mucho más allá de asentamientos morales sustraídos del consenso tradicional y muy cerca de inflanqueables valores personales que la figura enarbola como una kantiana pauta a imitar...
Superman es lindo, con todo y su flequillo rizado calléndole por la frente. Es lindo como los personajes medievales de la princesa, del paladin y el caballero que son buenos y sufrientes, antagónicos a la fea bruja, al torvo enano y al viejo y torcido hechicero que son íconos de la más escabrosa maldad. Se basa en la concepción maniquea del mal y el bien absolutos, de la ausencia de matices. En este planteamiento, donde se es blanco o negro, bueno o malo, la aceptación de lo diferente no tiene cabida: es la eterna y "natural" lucha entre los opuestos.
...y el ideal cristiano: el sacrificio de la felicidad personal a favor del otro, quien si tiene derecho a ser feliz. Cualquier búsqueda por satisfacer las propias necesidades es mezquino, sobervio y egoísta, es deber del hombre bueno dar y dar hasta vaciarse, y una vez vacío podrá ser felíz. ¿Quién puede formular un sofisma más elegante?
Ese fué el pilar moral de la posguerra en el s. XX. Sana y paulatinamente nos hemos apartado un poco de él para aceptar que lo más humano también es una senda al cielo; nos hemos reconciliado con nuestros pecados y hemos buscado, en general, sufrir menos. Nos hemos permitido identificarnos con el villano de las películas con tanta facilidad que con el héroe, porque reconocemos sin temor al uno y al otro en nosotros; hemos sido capaces de entender al diablo y de juzgar a dios, humanizarlos y acercarlos a nosotros, negando intermediarios.
Pero todo ha sido quizás demaciado de prisa. Aún hay quien ve al pasado y nos echa en cara la falta de valores, sin reconocer que en la mayoría de los casos los valores han cambiado por otros más actuales y de entre esos casos, en muchos cambiaron para reconocer más al hombre en su belleza, con sus limitaciones y potencialidades; grande, poderoso y heróico por sí mismo.
...a su imagen y semejanza.
Pero hay casos, efectivamente, en los que los valores se fueron y nada llegó a ocupar su lugar. Quedó el vacío, el sin sentido existencial. Se realizaron vueltas infructuosas al orígen que ya no tenían lugar entre nosotros, chispazos de luz anacrónica que no hacen arder ninguna vela.
Superman, el Regreso es, literalmente, uno de esos esfuerzos por devolvernos a la moral del siglo pasado. Una invitación a engancharnos con la bondad que es hermosa y con la maldad que es repulsiva a la vista; al sacrificio del Yo para preservar la existencia del Otro; a la fe de que un día, en un descuido del destino, un salvador pise la tierra y nos saque de la cadena de errores que vamos cometiendo.
Cuando la humanidad en general y los humanos en particular hayan dejado de soñar con ser salvados, entonces podrán salvarse a sí mismos y a su mundo... o extinguirse junto con éste y con su esperanza.
Contra el empacho por la vida y la acidez del despertar, las imágenes de un sutra para alivianarte tu Dharma.
1.12.06
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